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Opinión

¿Es populista Andrés Manuel López Obrador?

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Por: Natalia Pettinari – Lic. Relaciones Internacionales


En 2006, cuando el clima latinoamericano favorecía a Andrés Manuel López Obrador perdió las elecciones por un puchito. Gritó, pataleo, denunció fraude, tomó el Zócalo, realizó una ceremonia autoproclamándose presidente legítimo y hasta nombró un gabinete. Pero perdió. En México no hay ballotage y si quería revancha tenía que esperar. Desde 1999 Hugo Chávez venía probando diferentes políticas de izquierda en Venezuela y Lula da Silva gobernaba Brasil desde 2003. A ellos se sumó Evo Morales en 2006 y al año siguiente Rafael Correa en Ecuador. Era el momento, pero no.

La oportunidad iba a ser doce años después y con la ola izquierdista en retirada. Hugo Chávez pasó a la inmortalidad dejando a Nicolás Maduro en Venezuela con una enorme crisis económica y migratoria. Lula da Silva preso y envuelto en procesos judiciales por casos de corrupción. Evo Morales sorteando obstáculos, ahora con grandes críticas al nuevo palacio presidencial de lujo, que hace un enorme contraste con el entorno de casitas pobres, bajas y de tonos marrones que rodea la plaza central de La Paz. Y por último, Rafael Correa con pedido de captura internacional. Éste ha denunciado un complot en su contra de parte del actual gobierno que, según dice, lo quiere ver preso.

La ola de la derecha ha llegado. Lenin Moreno en Ecuador que según parece se pasó a este bando, Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile, Iván Duque por asumir en Colombia, Michel Temer en Brasil, con próximas elecciones presidenciales en octubre donde la extrema derecha de Jair Bolsonaro lidera las encuestas detrás de Lula da Silva, que aún no sabe si puede presentarse.

El futuro Presidente mexicano asumirá su cargo el primero de diciembre. Aún despierta cierta curiosidad cuan populista será su gobierno. Pero hay ciertos rasgos que podemos analizar de su primer discurso en el Zócalo después de aceptar la victoria. El lingüista francés Patrick Charaudeau plantea que tiene que haber cuatro componentes en un discurso populista.

El primero, el gobernante describe de manera catastrófica la situación social de la que es víctima el pueblo y busca una manera de exaltar el resentimiento. En ese sentido AMLO no lo hace aunque podría. México tiene una población de más de 120 millones de habitantes y casi la mitad, 55 millones, es pobre. Además, las cifras de los últimos 12 años dan escalofríos: 234 mil personas asesinadas, alrededor de 30 mil desaparecidos y más de 100 periodistas asesinados. El futuro mandatario podría ser muy duro en ese aspecto, pero prefiere no hacerlo. En cambió ofrece unidad, llamando a “todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales, por legítimos que sean, el interés general”.

El Peje, como suelen llamarlo, no elige la confrontación de clases aunque en muchas oportunidades habló de un México de dos bandos: los buenos contra la élite que le ha robado al país la igualdad y la justicia. En este primer discurso incluye a todos “a ricos y pobres, a pobladores del campo y de la ciudad, a migrantes, a creyentes y no creyentes, a seres humanos de todas las corrientes de pensamiento y de todas las preferencias sexuales”. Aunque aclara que “Por el bien de todos, primero los pobres”.

El segundo punto es encontrar a los culpables del mal que los llevó a estar en ese lugar de crisis y debilidad. Pueden ser internos o externos. En cuanto a los internos, AMLO no nombra culpables directos sino a todo un régimen político en decadencia que “es la causa principal de la desigualdad social y económica y de la violencia que padecemos”. Si bien avisó que no va a permitir un solo acto de corrupción e impunidad durante su gobierno, sea de quien sea, porque “Un buen juez por la casa empieza”.

También podría haberse enfrentado con los medios de comunicación, a los cuales varias veces acusó de llevar a cabo una guerra sucia contra su persona, pero no. En cambio expuso en su discurso que “Fue ejemplar la pluralidad y el profesionalismo de la prensa, la radio y la televisión”.

En el plano externo, agarrárselas con el Estados Unidos de Donald Trump sería muy fácil, pero tampoco. Ha mencionado que “Con el gobierno de Estados Unidos de América buscaremos una relación de amistad y de cooperación para el desarrollo, siempre fincada en el respeto mutuo y en la defensa de nuestros paisanos migrantes que viven y trabajan honradamente en ese país”.

El tercer punto del que hace uso un líder populista en su discurso es la exaltación de valores, que parecen haberse perdido, para crear un vínculo de identidad nacional. En este aspecto AMLO resalta la importancia del trabajo duro y la honestidad. La madrugada del lunes en su discurso afirmó que “El pueblo de México es heredero de grandes civilizaciones y, por ello, es inteligente, honrado y trabajador”. Por eso ya avisó que desde las seis de la mañana estará trabajando con su gabinete de seguridad.

El Peje no tiene mansiones, vive en una modesta vivienda de dos pisos, a todos sus eventos de campaña viajó en clase económica y no ostenta ropa cara. Éste sostuvo: “No les fallaré porque mantengo ideales y principios que es lo que estimo más importante en mi vida”.

Por último, el populista tiende a mostrarse como hombre providencial, carismático, visionario, capaz de romper con el pasado por lo que será el salvador de la sociedad. En relación a este punto, su partido político se llama Morena “Movimiento de Regeneración Nacional” y fue creado en torno a su persona. Con él promete “hacer historia”. Y afirma que su mandato será una cuarta transformación en la vida del país después de la revolución independentista, del gobierno de Benito Juárez y de la revolución de 1910 que puso fin a la dictadura de Porfirio Díaz.

Para muchos mexicanos es una especie de mesías o de líder elegido para curar los males de su nación.  Su discurso ayuda: “Confieso que tengo una ambición legítima: quiero pasar a la historia como un buen Presidente de México. Deseo con toda mi alma poner en alto la grandeza de nuestra patria, ayudar a construir una sociedad mejor y conseguir la dicha y la felicidad de todos los mexicanos”.

Teniendo en cuenta los puntos del lingüista Patrick Charaudeau, hasta ahora y para tranquilidad de muchos, el discurso de Andrés Manuel López Obrador ha sido bastante moderado para lo que podría llegar a ser un gobierno populista. De todas maneras habrá que esperar. Considero que una de las claves a observar es como el pueblo “siente” a su líder. Me refiero al sentido emocional que éste encuentre en sus acciones. Y advertir qué tipo de actividades pueden llegar a impulsar el sentimiento de unidad con su cabecilla. Ahí está la clave de un gobierno populista.

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Opinión| Lo marginal, un show

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Por Sofía Gorini


Se estrena «El Marginal». Pico de Rating en la televisión, los crotos violentos que toman merca con la policía y dos escenas de violación. La violencia ironizada, caricaturizada, bizarra. Personajes hollywoodenses, capos mafiosos con monos bailarines y luces de colores en medio de la celda gris. Personajes animados, psicóticos pero simpáticos en una serie con clima a documental.

Es el negocio de la ficción que la realidad se le parezca, porque atrapa más, te envuelve, capaz te identificas. Los berretines, la viveza argentina. Pero, ¿acaso no es peligroso el hipnotismo bobo que confunde «parecer» y «hacer creer» con «ver» y «conocer»?

Escribía Cesar Gonzáles: «A mi entender la marginalidad no es ningún espectáculo circense, la cotidianidad carcelaria es de una tristeza que asfixia, hay millones de seres humanos allí dentro sometidos a las torturas más inimaginables y oscuras, que ya habían nacido en una clase prisionera de todas las ausencias y que la cárcel solo continua una pena ya dispuesta previamente al nacimiento.

Ninguna ficción es inocente. Si me aclararan que esta serie es un producto de humor bizarro no tendría ningún problema. El problema surge cuando la presentan como una serie seria que “muestra la realidad” y mucha gente creerá que así de ridículos y caricaturescos son los presos«.

La realidad y la ficción

Hoy, para muches, pareciera ser que ver la televisión es una experiencia mayor y más real que vivir y transitar los espacios. En la televisión te muestran 20 robos por día, violentos, si hay imágenes mejor, se repiten una y otra vez, todo el día, los 20 parecen 40, 60, 80. El que roba ya no es siquiera enunciado como el «pibe chorro», perdió todo carácter de persona, más aún, perdió todo el poco contexto social que se le daba. Ahora se lo presenta como «mal viviente», su existencia es su acto nombrado desde una perspectiva moral y subjetiva, fuera de ello no hay noticia. Se dice «uno menos» cuando lo traiciona una bala por la espalda, escapando o por accidente, y el presidente le regala una medalla a la gorra. Pero la gorra del pibe chorro hace que la gente se cruce de calle, que los miren. Portación de gorra.

Y así, mirando la tele, una y otra vez, entra el pánico, las empresas de seguridad embolsan con la colocación de rejas, alarmas, seguros, todo el pack completo. La inseguridad es real, pero es también un negocio. Y además, ¿qué es la inseguridad?

En fin, la televisión genera imaginarios, pero también produce acciones y opiniones, los linchamientos, el «hay que tirar una bomba y que se mueran todos» son ejemplo. El noticiero recorta la realidad, la agenda setting sugiere cómo, cuándo y en qué pensar, no son balas mágicas que atraviesan cerebros vacíos, pero si construyen y recortan realidad. La televisión, por tanto, se ha convertido en representación, en ficción. Consecuentemente: la ficción aparentando realidad.

Para el morbo, no alcanza con mostrar a los detenidos como negros pobres, que consumen drogas y están encerrados tras paredes mohosas, necesitan verlos también violentos, ensangrentados, la imagen repetida una y otra vez, como animales enjaulados, porque cuando se reproduce todo el tiempo una imagen televisiva de robos violentos y se deshumaniza al delincuente, se habla livianamente sobre su muerte y la violencia institucional, la cárcel deja de ser un lugar para la reintegración y se transforma en el encierro que oculta eso que se quiere expulsar.

La persona, sentada en su casa, quizás acompañada «en familia» cree saber más de la calle que por miedo no camina por que ve en los noticieros que en cada esquina roban. Así, con esta serie, se piensa saber más de la cárcel que quienes la transitan, y critican los relatos de ex detenidos; «es ficción», dicen, pero quienes son representados no se sienten cómodos con esa imagen de ficción que favorece el estigma.

El resultado, la acción que suscita, es la indignación, «así es, mira, fijate», dicen. «Entran por una puerta y salen por a otra», «les dan comida, plata, viven mejor adentro que afuera, y todo con mis impuestos». Re podemos imaginar esa conversación, ¿o no?

La ficción se les presenta realidad, «porque lo vi en la tele». Sin embargo, la realidad en el calabozo es que muches detenides no tienen siquiera condena, a veces pasan más de dos años (plazo máximo) procesados, sin saber cuánto tiempo les depara, sin poder participar de talleres, iniciativas, proyectos, porque «no les bajó la condena», se cae, después de evidenciar eso, el imaginario: «entran por una puerta y salen por la otra».

Hay pibes con la piel verde porque durante años no vieron la luz. Hay pibes con adicciones a les que se les medica «para que se queden tranquilos», causándoles consecuencias físicas y mentales. Dicen los panelistas: “están mejor adentro”; bañandose muchas veces con agua helada, siendo golpeados en las requisas, comiendo comida que les traen sus familiares porque la que les dan adentro es vomitiva, «a cara de perro todo el día, mostrando los dientes, haciendose los poronga» para que no los caguen a piñas, tensión constante, viendo poco a la gente querida. Si salen a estudiar o a un taller, a veces no los dejan, porque no se les da la gana buscarlos. Si estudian les dicen que no pueden, si son unos negros de mierda.

Pero lo que muestra la ficción y se consume como realidad es otra cara, son las mega operaciones y las peleas entre internos con técnicas kunfu, que a la cámara quedan fantásticas, las risas maquiavelicas de fondo con un plano detalle de unos dientes podridos.

Claro, todes en algún punto acordamos que, como en muchos otros ámbitos, hay corrupción, negocio, drogas, violencias y también muertes. Pero la personificación circense que obtienen estos personajes, sobrepasa.

La clase media progre se ríe y mira, se enamora y flashea con la sangre, las piñas, la porongueada y las conversaciones tumberas, se crea un público que idealiza la delincuencia y las peleas de bandas, se ríen con personajes psicópatas y romantizan la pobreza, la exclusión, endiosan personajes carismáticos, con buen lomo, en cuero y con tatuajes, que se duchan y se tocan. (En la ficción). Y aún así, el personaje «bueno» protagonista de la primera temporada es un ex policía y el de la segunda un doctor.

Perspectiva de derechos

Los personajes de «El Marginal» viven en condiciones inmundas, los directivos y el personal se burlan y rechazan las actividades educativas, ningunean a les trabajadores sociales y psicologues, la salud y la higiene, los derechos humanos. Comen comida rancia, con dedos y puré dudoso, viven en el frío de la celda donde conseguir un colchón es negocio. Cuando lo único que debería ser negado por la pena es la libertad, se les niegan otro montón de derechos básicos.

Pero el enfoque pasa por el lomo y el culo de Minujín o los ojos de Martina Guzmán, te muestran chongos con los que a la media les resulta fácil empatizar. Las condiciones carcelarias, qué les pasa a les pibes para llegar a ser detenides, o qué les pasa cuando recobran la libertad queda en segundo plano o ni siquiera se nombra.

La cárcel, se me ha presentado como un lugar monstruoso, lleno de puertas, trabas (fisicas y legales), de ruidos ensordecedores, armas y gritos. En los pabellones, les pibes hablan de chorear, ¿es estrategia de supervivencia?, en su mayoría sí. Para quienes no están en pabellones evangélicos, «estar a cara de perro» es la forma de protegerse, de mostrar que no pueden joder con sus cosas. Pero cuando salen de la celda, al patio donde cada une de les pibes que están en los talleres, que están estudiando primario, secundario o incluso carreras universitarias, nos encuentran, desmoronan su armadura, nos cuentan parte de los más profundos pensamientos que tienen, a través de poesías, canciones de rap.

Elles mismes relatan situaciones de constante conflicto y enfrentamiento: “Te hacen entender que venimos a sufrir a este lugar, que estamos privados de todo. Te decían: lo hubieses pensado antes de estar preso», dice Matias Cofano, interno de la Unidad Penitenciaria N°3, estudiante de enfermería, que continúa: “Yo me acuerdo que no quería estudiar ni nada, ni enterado de lo que podía llegar a lograr, hoy voy a estudiar enfermería y se todo lo que puedo hacer para bien. Si nadie te dice mira vos podes hacer esto, esto y esto, ahí surgen las ganas, si no hay inclusión no hay ganas. Cuando a mi me empezaron a hablar, ahí me salió la iniciativa de querer estudiar. A lo primero uno salía a la escuela por salir y cuando vi que era interesante, ya se despertó algo y ya no salia mas por dos meses de rebaja, sino porque quería tener una carrera”.

La cárcel es una institución perversa en muchos sentidos, que pone al límite los cuerpos que la transitan. Supone «la re inserción» pero la cultura punitiva opaca. Los contextos violentos, los negociados, los escapes, frente a estas condiciones casi que parecen evidentes; en un lugar que se sostiene a base de violencia, la violencia es una respuesta, no a juzgar buena o mala, sino real. Así como sucede en los barrios, donde les pibites te dicen que no camines con la cabeza a gacha o la policía te pega porque te ve sospechoso. Como dijo Jonatan, otro pibe de la Unidad, «si vos a un animal lo metes adentro de una jaula y le pegas, cuando sale te come».

A la par que se dieron casos como la masacre de Coronda en el 2005, también se da en la cotidianeidad la solidaridad entre les detenides, comparten sus recursos con quien no tiene, con aquelles cuyas familias no les visitan: “Acá aprendes a ayudar al otro. En la calle yo me preocupo por mi y nada más. Aprendemos entre nosotros. La cárcel lo único que te enseña es el maltrato, a sobrevivir. Esto es como una sociedad, oculta, pero donde nos conocemos entre todos”. Esto último lo relata «Papacho», también de la U3, 40 y largos, está terminando la secundaria, estuvo 8 años sin cometer delitos luego de ser liberado, una tarde fue a comprar droga, lo agarraron cuando fueron a desmantelar el lugar, por sus antecedentes lo metieron preso, tiene problemas del corazón y en los pulmones, afuera dependen de él su esposa, mayor también, que tiene cáncer y su hija de 10 años.

Papacho es uno de los pocos que sabe leer y escribir y tiene cierto conocimiento de leyes y procesos judiciales, como redactar pedidos, cartas, habeas corpus; nos pidió que le llevemos la Ley 24.660 de “Ejecución de Pena Privativa de la Libertad”, para estudiarla y asesorar a sus compañeros. (Ley a la deberían poder acceder por su cuenta, porque tienen derecho a la información).

¿Parecen estos relatos similares a los personajes del marginal? ¿Colabora el relato sangriento e irónico con la violencia institucional carcelaria?

El entretenimiento

Me han pedido con fuerza que entienda que las cosas son ficción, que es puro entretenimiento, que hay que disfrutar eso. Pero, yo me pregunto, sin embargo, una idea que no me puedo sacar de la cabeza, ¿somos conscientes del alcance que tienen los medios? Y más aún, ¿qué es el entretenimiento?

Qué influencia tienen sobre nosotres los medios, qué idearios crea, qué normalidades permite. ¿Somos conscientes de que siempre transmitimos ideología porque no hay ficción subjetiva o «inocente», como diría Cesar G.?
Si decimos y militamos que todo es político, ¿por qué excluimos el entretenimiento? Cuando tenemos la posibilidad de dar un mensaje a través de los medios, por qué preferimos ironizar y alimentar el morbo y los preconceptos estigmatizantes. ¿Dejaría de ser entretenido si llenamos las series de televisión de contenido políticos real y con un mensaje claro, ideológico, a favor de los derechos humanos y con una perspectiva de inclusión? ¿Puede disfrutarse de ficción cuidada con mensajes llenos de contenido social?

La ideología cis heteronormativa, patriarcal, capitalista ha logrado colocarse en nuestras actividades más cotidianas, se reformula a sí misma para que persista el sistema y la norma frente a los cuestionamientos que se hacen desde diferentes colectivos. El simple hecho de comprar una crema antiarrugas tiene todo un entramado ideológico detrás. Si podemos reconocer estos contenidos en la ficción y cambiar los paradigmas, no solo estaremos disputando sentidos, ideas y conceptos, sino también, instalando en la conciencia colectiva una forma de representar que se puede expandir a otros ámbitos y contextos.

¿Queremos seguir viendo «Pone a Francella» o «Casados con Hijos», nos sigue causando gracia «Polémica en el Bar», sigue midiendo Lanata discriminando a Flor de la V y llamandola «hombre» negándole su identidad y su voluntad? Si la respuesta es no, ¿por qué seguimos creyendo que la espectacularización de la pobreza y la marginalidad, la romantización circense de la delincuencia, la reproducción de violaciones en televisión son entretenimiento?

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Opinión| Será ley

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Por Sofía Botto,  coordinadora de MuMaLá de la provincia de Santa Fe e integrante de la Campaña por el Derecho a Decidir


Estamos a días de la recta final. El próximo 8 de agosto se va a debatir en el Senado el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo. En el momento en el que escribo esto, sólo tengo noticias periodísticas y algún que otro comentario para informarme sobre qué se va a debatir el miércoles de la semana próxima. Lo único que nadie discute es que va a haber dictamen y, con viento a favor, se va a aprobar.

Hablar de aborto es hablar del camino, de la lucha. Quienes nos referenciamos en las organizaciones de mujeres, quienes aprendimos allí junto a otras compañeras a vivir el feminismo, nunca perdimos de vista ni dejamos de lado el derecho a la autonomía sobre nuestros cuerpos, el derecho a decidir, el derecho a abortar si no queremos continuar un embarazo. Siempre lo supimos: es un derecho. Y no es uno cualquiera, es un derecho humano, inalienable e incuestionable. ¿Quién tiene la superioridad moral de decidir sobre nosotras?¿Quién cree que nos puede entender más que nosotras mismas cuando tomamos una decisión para nuestras vidas?

Los derechos de las mujeres son derechos humanos. Y parece un oxímoron decirlo. Pero sí, hace años que tenemos que repetir lo mismo. Lo decimos cuando salimos a las calles a hablar sobre violencias hacia las mujeres, cuando gritamos Ni Una Menos, ¡Vivas Nos Queremos!, cuando exigimos paridad en los lugares de decisión, que se respete la composición de la sociedad para ser representada, cuando exigimos igual salario por igual tarea, cuando decimos que abortar es un derecho y que la ilegalidad en la que hoy nos encontramos y que nos arroja a la clandestinidad, no solo no inhibe la práctica misma del aborto, sino que mata, mata cruelmente en la soledad, en el prejuicio y en la indiferencia a decenas de mujeres por año en nuestro país.

Sin embargo, en este histórico, amplio y democrático debate, donde hubo lugar para todas las voces, nos cansamos de escuchar a personas que ponen en duda nuestros derechos humanos, con argumentos falaces, mentirosos y fuera de todo rigor científico e incluso moral. La moral que pregonan para defender la supuesta vida, es la misma que castiga a las mujeres por exigir libertad, la misma que cuestiona que una mujer violada no debe abortar, que una niña debe ser madre, que una mujer debe continuar un embarazo no deseado incluso bajo la supervisión y obligación del Estado, considerándola como un envase que sólo tiene una función reproductiva, sin tener en cuenta sus deseos y sus emociones.

Esa moral es sostenida principalmente por la institución más antigua de la historia, la Iglesia Católica, junto con otros credos que ubican a las mujeres en el mismo lugar. Es la misma Iglesia cuestionada por los abusos infantiles, que encubre curas pedófilos, que relega a la mujer a un lugar de sumisión sostenida durante cientos de años, que se opuso a la educación sexual integral, a los anticonceptivos, a los anticonceptivos de emergencia y, por supuesto, al aborto legal.

Es la moral que reclama una objeción de conciencia institucional, como si las instituciones e inclusive los mismos profesionales debieran tener el privilegio de obstaculizar y negar la garantía de un derecho.

Estamos ante una revolución, donde les jóvenes tienen un papel fundamental. Son elles quienes están llevando más allá este reclamo, este que provino de las organizaciones de mujeres y que hoy es propio de gran parte de la sociedad. Estamos exigiendo más libertades, queremos ganarlas y sabemos que no es fácil. Que frente a nosotres tenemos la ideología y el poder conservador, el statu quo, que está enquistado en las instituciones e incluso en aquellas que son públicas, es decir de todes, y sin embargo siguen queriendo apropiarse de ellas y ponerlas en contra de la voluntad de las mayorías. Es la historia de la historia, de quienes elegimos poner el cuerpo para nosotres y para todes, sabiendo que no hay vuelta atrás, que lo vamos a lograr y que ya somos un poco más libres.

El próximo 8 de agosto haremos historia. Será ley y ya nadie pondrá en discusión que los derechos de las mujeres, como la autonomía sobre nuestros cuerpos, son derechos humanos.

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Internacional

Opinión| El feminismo: una revolución a nivel mundial

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Colaboración por Agustina Savio


«Es hermoso ver como se da en todo el mundo«, dice Agustina al pasar por la Puerta del Sol en Madrid y ver el espacio copado de compañeras y compañeros feministas.

La huelga comenzó a raíz de que los cinco condenados por el abuso sexual de una joven madrileña en los San Fermines de 2016 estén ya en la calle tras la decisión del mismo tribunal que les impuso nueve años de prisión meses antes.

“Hemos empezado de manera espontánea un grupo de amigas al que se ha ido uniendo más gente que no conocemos, y van a ir llegando más a lo largo del día”, explica Saima, una de las mujeres que ocupa el improvisado emplazamiento.

“Estaremos aquí hasta que se haga justicia, hasta que nos sintamos seguras y vivas. Queremos que sean ellos los que estén encerrados, y no ella”, aseguran. “Pero no sólo por la chica de la Manada, estamos aquí también por las jornaleras de Huelva, por los abusos a inmigrantes del CIE de Málaga, por los del centro de Menores de Badajoz, por la niña que ha sido abusada de un familiar…», aseguró.

«Vamos a estar lo que haga falta, ¿hasta cuándo? pues, ¿hasta cuándo nos van a seguir violando?, ¿nos van a estar invisibilizando?, ¿nos van a silenciar? Nos quedaremos hasta que nos sintamos seguras», denuncian desde el movimiento.

En primera persona

Agustina Savio es una joven rosarina que se encuentra en la capital española y contó en primera persona cómo se vive esta acampada feminista en el histórico centro de Madrid:

«Es una sensación hermosa estar en una ciudad totalmente lejos de casa y ver que la lucha de mujeres también está acá, sentir que estamos conectadas.

Hablé un poco con ellas. Me hicieron sentir re bien. Dicen que están acampando por muchas razones, pero que la principal es el Poder Judicial machista e injusto que rige sobre el país. Además,para ejemplificarme la gravedad de la situación, me comentaron sobre el caso de una nena que fue abusada sexualmente y que a su violador sólo le dieron cuatro meses de cárcel.

Apenas nos pusimos a charlar, enseguida me hicieron pasar a la carpa. Me contaron un poco de los problemas que viven, me dijeron que le saque foto a todo y me mostraron que tenían un pañuelo del verde de la campaña por el derecho a decidir argentino. Dicen que están nerviosas sobre lo que pueda llegar a pasar el 8 en el Senado. Siguen de cerca el tema y ven nuestras movilizaciones.

Es lindo estar de vacaciones y seguir viendo y sintiendo la lucha de las mujeres».

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